El brillo de una estrella

En una noche vacía, Manolo caminaba por la vereda, con un cigarro en la mano y en la otra una carta sellada. Miraba al andar fijamente todos sus movimientos. El aire era frío y como nunca, cantaba sin piedad. Llegó a la esquina y vio el semáforo en rojo. En aquella calle no había nadie, ningún alma, pero algo le prohibía cruzar. En ese momento una voz apareció de la nada a su lado. No se miraron, tan solo esperaban al semáforo cambiar.
- ¿Solo por esta calle?
Solo caminaba. - ¿Qué noche más oscura, cierto? Es raro. - ¿Raro? No hay nadie por la calle. - ¿Y acaso no es mejor así? No lo sé. - Siempre es mejor así, puedes ver todo con claridad. Yo no veo nada, desde hace tiempo dejé de ver. - Oh! ... Casi todo el mundo ve con los ojos, es algo muy valiente lo que tu haces. Gracias. - Yo no llegué a acostumbrarme. ¿También lo intentó? - Millones de veces. Millones es una palabra muy grande. - Así es. Millones de veces. ... - ¿Porqué no la lees? ¿Perdón? ¿A que se refiere? - La carta, desde hace un buen rato que te reclama. No puedo, sería volver a recordar. - Recordar aveces es bueno. En este caso no lo creo. - ¿Viene de alguien en especial? De alguien ... El semáforo cambió a verde. Manolo cruzó sin despedirse, tenía prisa llegar a un lugar no definido. Sus pasos eran firmes y seguros, pero su mente se quedó en esa esquina. No podía, tenía que correr porque llegaría tarde. Cansado e inconsciente se echó en el pasto. Miró hacia el cielo, estaba azul y todas las estrellas se encontraban presente. Sintió que había llegado el momento. Con nervios en las venas abrió el sobre. Sacó una hoja y la leyó sin ver: "El brillo de una estrella te ayudará"

Comentarios