Vamos por ahí, hay tiempo de sobra
Con las maletas sobre la cama
mirando el reloj que no avanzaba
cerré mis ojos y me puse a soñar.
Un cielo celeste que no dejaba de brillar
aves, muchas aves que no dejaban de silbar
palabras que crecían con un suspiro en el mar.
Mantuve mis ojos cerrados y me olvidé de respirar
mis sueños me daban vida en mi infinito caminar
en el agua, en el césped y en todo lo demás.
Casualmente, abrí mis ojos y vi mi techo blanco
flotaba sobre mi cama, sobre mi mar de lágrimas
con corazones rotos y secretos guardados.
El sueño que vivía ya no se adueñó de mí
pero yo me adueñé de mi paciencia,
de mi cuerpo y mi alma que me despertaban por la mañana.
Tocaron la puerta en la que tan sola se sentía
unos golpecitos de ternura le volvieron a dar vida
y con sus latidos de su corazón un sonido lindo me mandó.
Me acerqué, abrí la puerta y una luz vino hacia mí
era temprano, muy temprano, lo cual no pude definir
la hora que era para de una vez marcharme de aquí.
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