Sin misericordia, sin ceder.
El comienzo de algo bueno es cuando uno menos lo imagina. Camilo, un chico con todo un futuro por delante se endulzó con la plena belleza de una mujer de la calle. Una noche en una cantina con sus amigos conoció a Dolores. Mujer alta, bien proporcionada, soltera pero con una hija de 4 años, fruto de una relación de años pero sin amor. Las edades eran muy notorias, ella tenía 32 y él 21. Que habrá tenido escondido esa mujer para que enamorara completamente a Camilo con tan solo su mirada? Ella nunca llegó a tocar su mesa y él solo comenzó a ir para captar las energías que ella dejaba al caminar. Camilo no estudiaba, no hablaba, solo soñaba con algún día poder conocerla e invitarle una copa de vino. Solo soñaba con sacarla de ese lugar y brindarle uno mejor de lo que ella realmente se merecía después de tantos años de sufrimiento y lucha. Nadie creía en ese amor, solo decían que era una fantasía de la que él estaba dando fruto en su mente, pero en realidad no era así; el amor había tocado por primera vez las puertas de Camilo y por mas preguntas y dudas se juro no rendirse hasta poder tenerla en sus brazos. Una noche Camilo espero a que cerrara el local y se dedicó a observar el lugar en el que encontraba; unos hombres completamente ebrios, abrazados entre todos, cantando una canción que estoy segura, ni ellos mismo conocían. Salió Dolores, muy apresurada por llegar a casa y abrazar a su pequeña niña. Camilo no perdió tiempo y se presentó ante ella. Dolores ya lo conocía por tantas veces en que él se presentaba en la cantina y sin que nadie se de cuenta ya se encontraban caminando en una dirección desconocida. Camilo le dijo a medio decir el porque estaba parado en la esquina esperando a que ella saliera, obviamente Dolores se sorprendió mucho al escucharlo, pero en el fondo de su ser estaba tan necesitada de amor que aceptó sin duda la coda de vino que le ofreció. Aunque nadie lo crea, hubo química desde la primera palabra pronunciada por los dos. Camilo mas feliz que nunca, no dejaba de admirar su belleza que Dolores escondía y ella no dejaba de pensar en lo que estaba sucediendo en ese momento. Las cosas comenzaron a avanzar rápido, las salidas eran mas frecuentes y las palabras mas dulces. Una relación se comenzó a dar entre ellos dos, una relación a escondidas de todos. El ambiente en el que trabajaba Dolores no era del todo respetado y por ese motivo los problemas en la relación con Camilo no demoraron en aparecer. Camilo se juro nunca darle mas dolor del que ella ya había pasado, pero llegó un momento en que sintió que la situación se le salía de las manos y lamentablemente no cumplió su juramento. Dolores se fue de su casa, regresó a la misma casita de esteras con su pequeña niña, regresó al mismo posito donde cosechaba su sufrimiento. Camilo muy arrepentido presenció el dolor que le había hecho y no tuvo mejor forma que presentarse con unas palabras:
Fue a conciencia pura
que perdí tu amor
¡Nada mas que por salvarte!
Hoy me odias
y yo feliz,
me arrincono para llorarte...
El recuerdo que tendrás de mí
será horroroso,
me verás siempre golpeándote
como un malvado...
¡Y si supieras, bien,
qué generoso
fue que pagase así
tu buen amor...!
¡Sol de mi vida!
Fui un fracasado
y en mi caída
busqué dejarte a un lado,
porque te quise
tanto... ¡tanto!
que al rodar,
para salvarte
solo supe hacerme odiar.
Hoy, después de un año
atroz, te vi pasar.
¡Me mordí para no llamarte!
Ibas linda como un Sol...
¡Si se paraban para mirarte!
Yo no sé si el que te tiene así
se lo merece,
solo sé que la miseria cruel
que te ofrecí,
me justifica
al verte hecha una reina
pues vivirás mejor
lejos de mí...!
Dolores pidió otro vino. Después, Camilo pidió otro Quilmes y luego bebió del vino que ella tomaba. Se pusieron muy ebrios y salieron a tomar un taxi rumbo al Bar del Infierno, atravesando la perversa inmensidad del amor.
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