Llamada telefónica.

Ayer Paula recibió por la tarde una llamada algo inesperada. No escuchaba hace tiempo esa voz tranquila, esa voz que extrañaba tanto. Fue una conversación que le dio vida, vida pura en tan solo unos segundos, fue algo con lo que ella había soñado por varios días. Sin duda una sonrisa volvió a aparecer en su cara, su corazón volvió a latir de forma alocada y volvió a sentir mariposas en el estómago. Qué maravilla pudo sentir ella al estar a punto de rendirse y recibir ese empujón para no hacerlo. A partir de ahí las horas se les hizo días, las ganas de volver a hablar con él se volvieron inmensas, de verlo, de saber que esta vez todo iba a ser mejor, de tener esas ganas de luchar por algo que si valía la pena.

Conforme llegaba a su casa, se iba poniendo más nerviosa. Faltaban pocos días para que su plan tan proyectado se realice y ver a fin de cuentas qué era lo que quedaba por hacer. Lo llamó sin esperar. Se volvió a enamorar. Esa noche iba a poder dormir por fin en paz. Él le dijo que tenía que arreglar unas cosas que había comenzado sin querer. Le dijo que la necesitaba, que quería comenzar algo nuevo y bien, que quería verla y Paula no hacía más que elevarse en ese amor que volvía a nacer.

Quedaron en llamarse cuando él terminara de resolver sus problemas, cortaron la llamada y ahí se terminó todo el cuento de hadas. A los pocos minutos él la volvió a llamar, le dijo: No puedo hacerlo. Qué palabras tan crueles sintió ella. "No puedo hacerlo", es lo único que comenzó a dar vueltas en su mente y en su corazón. Ella se había ilusionado, ella se había vuelto a enamorar. No era justo que ese sufrimiento que ella llevaba cargando por tantos meses, por las que había aguantado tanto, volvieran a sentirse de nuevo pero con más intensidad. Él le volvió a hacer daño, la volvió a lastimar, pero justo en donde más le duele.

Ella ya no sabía que decir o qué hacer, el dolor era mucho más fuerte que cualquier otra cosa en ese momento. Se aguantó las ganas de llorar, tenía que hacerlo en honor a su fuerza. Sus ojos se tragaron de golpe esas lágrimas y su corazón también. Él decidió seguir con su actual novia, prefirió seguir en una relación cotidiana que no le proporcionaba ninguna felicidad, pero que le brindaba algo de seguridad. Paula no era ningún tipo de experimento para que la ilusionaran así con un amor en el que ella que confiaba.

Él comenzó a hablarle de forma diferente, poniendo excusas y maquillando el por qué de su decisión. Paula ya no lo escuchaba, tan solo escuchaba como se rompía por dentro, como el latido de su corazón reclamaba auxilio y suplica. Le dijo de ser amigos y es que a pesar de que no se lo merecía ella aceptó. Eran tantos los problemas que él llevaba arrastrando y es tanto el amor que ella siente por él, que quiso ayudarlo un poco y ceder a todo lo que él le decía. Ella pensó: "Mi amor es tan grande por ti, que si lo mejor es ser tu amiga, pues lo seré aunque me duela".
Él se despidió de ella. Ella no. Él le dijo que ya no quería hacerle más daño. Ella no lo escuchó. Él nunca le volvió a decir "Te amo". Ella lo dijo sin miedo y desde el corazón. Y así fue que para ella esa noche se volvió la peor de todas, la más triste, la más inesperada. Pero quedo claro para lo dos que el destino sabe bien por qué hace estas cosas, para demostrarnos el valor que realmente nos merecemos recibir.

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