No me hables, recítame
Había una vez un chico que vivía de la poesía, se embellecía escuchándola, narrandola, estaba totalmente enamorado de ella.
Una vez quiso encontrar el amor en carne y hueso. Buscó chicas que estuvieran viviendo en su mismo mundo de arte lleno de palabras y rimas. Buscó, buscó y no se ubicó. Llegó hasta el cansancio de buscarla y no encontrarla. Ninguna de ellas tenía ese don que a él lo volvía tan loco. Se desanimó de seguir en la búsqueda y de creer en ella.
Regresó a la poesía, para él lo era todo, lo endulzaba, lo alimentaba, le enseñaba a vivir la vida de la manera mas dulce y centralizada.
Un día mientras discutía por la calle con un viejo ambulante, escuchó a sus espaldas la voz de una mujer que le reclamaba el trato que estaba teniendo con el pobre hombre. Al girar no se pudo negar a responderle de una forma agresiva e inesperada y ella sin acontecimientos le respondió con poesía.
El chico maravillado, abrió su corazón desde que ella pronunció la primera palabra. Al fin la había encontrado, al fin sabía que existía esa cosa divina con la que tanto había imaginado en sueños.
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